Las crisis de pánico, como respuesta aprendida

Las crisis de pánico pueden entenderse, entre otras miradas posibles, como una respuesta aprendida. Esto significa que una persona puede llegar a experimentar una crisis de pánico frente a situaciones que, en un principio, eran neutras – como ciertos lugares, sensaciones corporales o circunstancias cotidianas – pero que terminan asociándose a una vivencia de miedo intenso.

Desde esta perspectiva, es posible que la persona haya tenido una primera crisis de pánico en un contexto aleatorio, que antes no le generaba ansiedad. Sin embargo, al experimentar en ese momento una respuesta automática de terror, acompañada de síntomas físicos intensos, ese lugar o situación queda asociado a la experiencia de miedo. De este modo, aquello que antes era neutro, se transforma en un estímulo condicionado que, por sí solo, puede comenzar a provocar ansiedad anticipatoria o incluso una nueva crisis de pánico.

Como resultado, la persona puede empezar a evitar dichos estímulos – lugares, situaciones o incluso sensaciones corporales – con el fin de prevenir la aparición de los síntomas temidos. Este patrón de evitación refuerza el miedo y puede hacer que la sola anticipación o el pensamiento sobre esa experiencia desencadene síntomas físicos y emocionales, incluso en ausencia de un peligro real.

La Terapia Cognitivo Conductual (TCC) ha demostrado ser un tratamiento eficaz para los trastornos de pánico. Ayuda a las personas a identificar y modificar los patrones de pensamiento negativos y los comprotamientos que perpetúan el ciclo

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